LA ZONA DE CONFORT

Quizá, por mi estilo de vida acelerado y el miedo innato que tengo a quedarme estancado, podría pensarse que estoy obsesionado con no caer en un espacio que me haga sentir bien, entregando lo mínimo. Sin embargo, la realidad es que no creo en la famosa “zona de confort”.

Más allá de estancamientos o puntos medios, lo que me da más miedo en esta vida es dejar ir el mucho o poco tiempo que me quede en este mundo. Y sí, por un lado soy un workaholic hecho y derecho, pero mi filosofía no se centra en trabajar sin fin, sino disfrutar cada momento. Cuando toca trabajar, trabajo al máximo. Cuando toca estudiar, estudio al máximo. Cuando quiero divertirme, me divierto. Cuando estoy con mi gente, los disfruto. Un tiempo para cada cosa.

Y, ¿a dónde me lleva esto? A confesarles que nunca, jamás, me he sentido en esa llamada zona de confort, porque, ¿qué es la zona de confort? Vivir en modo automático con el mínimo esfuerzo. Y qué flojera desperdiciar la vida con lo mínimo, cuando podemos darlo todo.

Creo que la idea que se tiene sobre salir de la zona de confort es errada. No tenemos que forzarnos a hacer cosas que, tal cual, nos hagan sentir incómodos o como peces fuera del agua. Nuestros límites no necesariamente se expanden por querer ser arquitecto un día y, al otro, querer ser abogado. Con un día, saltar del paracaídas y, al otro, correr un maratón. Nuestros límites se expanden con el trabajo continuo y constante, de poco a poco, pero un poco o mucho de todos los días. En síntesis, creo que no se trata de una decisión radical, sino una convicción del día a día.

Con cariño,

Lewis Rimá (:

Foto de Personas creado por wayhomestudio – www.freepik.es