APRENDE A DECIR QUE NO

Suena fácil pero, personalmente, puedo asegurarte que no lo es. No sólo porque estamos acostumbrados a cumplir las expectativas de otros, sino también porque vivimos en una sociedad que nos enseña a preocuparnos más por quedar bien con otros, que por quedar bien con nosotros mismos.

Una y mil veces me ha pasado que, cuando me piden un favor, acompañar a alguien a algún lugar o, incluso, dinero, lo hago sin pensarlo dos veces. Sin embargo, una y mil veces, me ha tocado ir solo a conciertos, en los que nadie más ha querido acompañarme, o esperar meses, incluso años, a que me paguen el dinero que presté.

Evidentemente, cada una de las decisiones que tomamos, implica sacrificar una cosa por otra. Por ejemplo, si acompañas a alguien a algún lado, implica que dejarás de hacer otra cosa que, quizá te traiga mayores satisfacciones.

No obstante, el problema no está en los otros, sino en nosotros mismos. En toda relación, es importante ceder y sacrificar algunas cosas para acompañar, apoyar o hacer felices a nuestros seres queridos. Pero todas y cada una de esas decisiones deberían estar basadas en el QUERER y no en el ESPERAR. Es decir, si vas a decir que sí, que sea por convicción propia, sabiendo que esa acción y el tiempo que inviertes en ella, es proporcional a la satisfacción que te provoca realizarla, sin importar que esa satisfacción consista en hacer feliz a otro, pero con honestidad y sin autoengaños.

Del lado contrario de la moneda, decir que no, no te hace una mala persona. Es mejor hacer las cosas por convicción e impulsados por nuestra motivación, que hacer las cosas por compromiso. Sin duda hay cosas de las que no debemos o no podemos sacarnos, pero la mayoría de los compromisos que hacemos provienen de una necesidad de aceptación, que de una acción solidaria u obligatoria. Así que, poco a poco, y en decisiones pequeñas, atrévete a decir que no.

Con cariño,

Lewis Rimá (:

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