Deja de compararte y comienza a ser feliz

Compararnos es un acto natural y humano. Negar que todos hemos sido susceptibles a comparaciones es negar nuestra naturaleza.

En mercadotecnia, por ejemplo, antes de lanzar cualquier producto o servicio, se realiza una comparación de todos los competidores, en donde se enlistan las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades para aprovecharlas a favor. ¿Por qué? Porque en mercadotecnia, una misma marca bebe posicionarse y ganar su lugar en la mente de las personas, compitiendo en una misma industria o mercado.

Sin embargo, como seres humanos, contrario a lo que siempre nos han hecho creer, no competimos contra nadie más. Esa falsa ilusión se genera en una sociedad jerárquica, que busca hacerte sentir que estás por debajo o por encima de los otros. Y no, no hablo de ser autocomplacientes, ni mediocres. No competimos contra otras personas porque nuestros sueños, metas y objetivos no son exactamente los mismos que los de las personas que nos rodean.

Ser competitivo es una cualidad que valoro y que, en lo personal, procuro explotar a mi favor. No nos libramos de querer tener, lograr o alcanzar lo ajeno, pero la clave está en no compararte con otros, sino contigo mismo. Y, de nuevo, sin autocomplacencias ni mediocridad.

Suena sencillo, pero ser hoy, mejor que lo fuiste ayer, no es tarea fácil. Sin embargo, es fundamental para que, como el mundo, sigas siempre en movimiento.

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